La alquimia del amor
Como seres humanos, creemos que somos el cuerpo y la mente, sin reconocer que nuestra verdadera esencia es mucho más. Pensamos que estamos separados y que somos diferentes de los que nos rodean. Impulsados por el ego, podemos llevar vidas egoístas que nos traen confusión y no nos dejan tener paz y quietud. ¿Cómo podemos alcanzar un estado en el que la paz y el amor se conviertan en la piedra angular de nuestras vidas?
Comienza, dijo el Maestro espiritual, cuando reconocemos nuestra existencia más allá del nivel de los sentidos físicos. Cuando, a través de la meditación, reconocemos que somos un alma, una parte de Dios. Al conectarnos con el amor y la Luz de Dios en la meditación, experimentamos la poderosa alquimia del amor. Despertamos a la realidad de que todos somos uno y esto nos impulsa a servirnos unos a otros con amor. Pasamos de ser egoístas a ser desinteresados, de ser violentos a ser no violentos, de vivir una vida de dualidad a vivir una vida de unidad. Todos los odios desaparecen cuando abrimos nuestros corazones a todo el mundo.
Cuando el amor de Dios impregna nuestro ser, llegamos a ser un medio para su difusión y esparcimos su dulce fragancia por donde quiera que vayamos. El amor de Dios nos transforma, por lo que empezamos a llevar nuestra vida de la manera que Dios quiere. Dios hizo esta creación por amor y es el amor lo que da sentido a nuestras vidas. A través del amor, podemos encontrar nuestro camino de vuelta a Dios.