Hazte amigo de la mente en la meditación
Nuestra mente se enfoca en las atracciones y distracciones del mundo exterior. De esta manera la mente obstaculiza el viaje del alma de vuelta a Dios. Cuando meditamos, le damos poder al alma y permitimos que despierte a su fuerza innata. A medida que el alma se fortalece y comienza el camino de regreso a su Fuente, se da cuenta de que la mente es una barrera en su viaje ascendente. Sin embargo, no puede luchar contra la mente. Por el contrario, la única manera de avanzar es hacerse amigo de ella. Así, el alma encanta a la mente con las alegrías del mundo interior y la anima a embarcarse también en el viaje espiritual y a experimentar los tesoros que les esperan dentro.
A medida que esto sucede y que la mente disfruta de la dicha, la alegría y el amor de los reinos interiores, se convierte en una compañera y amiga útil. Cuanto más meditemos, más dicha tendremos y más tranquila estará la mente. Cuando el alma y la mente se centran en las alegrías de los mundos internos, disfrutamos del remanso interior y podemos manejar mejor el estrés y las tensiones de nuestra vida exterior.