La felicidad está al alcance de la mano
Todos queremos ser felices y vivir cómodamente. Sin embargo, cuando miramos nuestras vidas, descubrimos que estamos atrapados en una red de asuntos mundanos que, al igual que las arenas movedizas, cuanto más intentamos escapar, más atrapados quedamos. En el proceso, la vida nos ofrece momentos fugaces de felicidad intercalados con un mar de problemas y dificultades que parecen no tener fin, lo cual nos lleva a preguntarnos: ¿hay posibilidad realmente de encontrar una felicidad duradera en este mundo?
Los santos y Maestros espirituales vienen a este mundo para recordarnos que la felicidad está a nuestro alcance. Lo que se necesita es desarrollar una visión clara y una comprensión correcta de nuestra existencia humana. Necesitamos entender, dijo Sant Rajinder Singh Ji Maharaj, que somos seres espirituales viviendo en un cuerpo físico. Lo que nos hace verdaderamente felices es lo que hace feliz al espíritu.
El espíritu o alma, es una parte de Dios y ha estado separado de Él durante millones de años. Mientras permanecemos ocupados en el mundo exterior, el alma permanece separada de su Fuente. Es cuando nos conectamos con el amor y la Luz de Dios que el alma experimenta alegría. Es entonces cuando nuestras vidas se llenan de felicidad y regocijo. Hasta entonces, ninguna belleza del mundo exterior puede traernos la felicidad que buscamos.
Así pues, ¿cómo podemos conectarnos con Dios? Podemos hacerlo a través de la meditación, el proceso por el que retiramos la atención de las distracciones de este mundo físico y la centramos en los mundos espirituales que existen dentro de nosotros. Al emprender el viaje espiritual, el alma se conecta con Dios y se nutre. Experimenta una felicidad y una dicha duraderas. Esta felicidad es nuestro derecho de nacimiento que podemos reclamar cuando viajamos a nuestro interior a través de la meditación. Hasta entonces, los tesoros de la divinidad permanecen ocultos para nosotros y seguiremos viviendo ajenos a la verdadera felicidad y a la dicha interminable que nos esperan dentro.