Una tierra de amor
Como seres humanos, tenemos necesidades básicas de supervivencia. Entre ellas están el alimento para nutrirnos, la ropa para cubrir nuestro cuerpo, un techo para protegernos y un lugar seguro para no sufrir daños. De todas las necesidades, la más importante es nuestra necesidad de amor. Toda persona busca amar y ser amada. A lo largo de las distintas etapas de la vida, desde el nacimiento hasta la edad adulta, buscamos el amor de los padres, hermanos, amigos, cónyuges, hijos, colegas y muchos más. Vivimos la vida buscando el amor en el mundo exterior. Sin embargo, en algún momento nos damos cuenta de que todos los amores de este mundo son fugaces. Se marchitan con el tiempo o la distancia o cuando la muerte nos separa. El amor que se pierde nos trae dolor y sufrimiento y hace que nos preguntemos: ¿será que existe un amor eterno?
Los santos dicen que sí. Es el amor que encontramos cuando nos conectamos con Dios. El amor de Dios es pleno y nos llena de alegría y felicidad duraderas. Cuando experimentamos el amor divino, comprobamos nuestra cercanía con Dios y verificamos Su presencia en nuestras vidas. Entramos en la morada del amor donde prevalecen la paz y la bondad; es una tierra llena de Luz, de belleza y de un amor que nos transforma. Es el paraíso que todos buscamos aquí en la tierra. Pero ¿dónde podemos encontrar ese paraíso?
Este paraíso existe en nuestro interior, dijo el Maestro espiritual, ya que Dios reside en nuestro interior. La manera de experimentar a Dios es retirando nuestra atención del mundo exterior y centrándola en los reinos espirituales internos. A través de la meditación, todos podemos alcanzar la tierra del amor que buscamos.