Cruzando el Gran Océano de la Vida
Nuestra verdadera esencia es el espíritu o el alma. El alma es una parte de Dios que emigró lejos de Él hace mucho tiempo y ha estado anhelando regresar a su Fuente. Esta existencia humana es la oportunidad para que nuestra alma encuentre el camino de vuelta. El viaje para retornar al Hogar es el viaje del espíritu, al que se le conoce como el viaje espiritual.
El mecanismo para emprender y avanzar en este viaje es la meditación. Para tener éxito en este empeño, necesitamos algo más que libros de autoayuda o demostraciones de la técnica de meditación. Necesitamos la ayuda y la guía de un adepto espiritual que conozca los vericuetos del camino y que pueda protegernos de las distracciones y los escollos que se presentan en él. Necesitamos experimentar por nosotros mismos los tesoros que hay en nuestro interior. Al meditar, nuestra alma se conecta con el amor y la Luz de Dios y se nutre, lo que le da fuerza.
Debemos trabajar con sinceridad y seriedad, meditando con regularidad y diligencia, para poder dar pasos firmes hacia Dios. La vida es corta y el tiempo no espera por nadie. Depende de nosotros aprovechar al máximo las respiraciones que se nos han dado para que nuestra alma pueda cruzar el gran océano de la vida y hacer realidad su unidad con Dios.















