Mejore su meditación con la práctica diaria
El proceso de meditación es sencillo. No requiere ningún esfuerzo físico difícil o arduo y puede ser practicado por jóvenes y mayores por igual. La meditación simplemente requiere que retiremos la atención del mundo y la centremos en nosotros mismos. Sin embargo, cualquiera que haya intentado sentarse en silencio y aquietar la mente en la meditación puede dar fe de que, aunque es sencillo, no es fácil. ¿Por qué nos cuesta enfocar nuestra atención en la meditación cuando en otras áreas de la vida podemos alcanzar altos niveles de concentración? La respuesta no está en la capacidad de concentración, sino en como vemos el mundo. En efecto, podemos centrar nuestra atención, pero elegimos enfocarla en el ámbito equivocado. Desde una edad temprana, se nos ha hecho creer que este mundo físico es todo lo que hay. Estamos condicionados a enfocarnos en el mundo exterior y podemos hacerlo sin mucho esfuerzo o resistencia de la mente. De ahí que podamos ver una serie de televisión favorita, disfrutar videojuegos o estudiar durante horas sin que nuestros pensamientos nos perturben. Sin embargo, para encontrar a Dios, el propósito de esta existencia humana, debemos mirar hacia adentro durante la meditación. Cuando intentamos concentrarnos dentro, nos bombardean los pensamientos porque la mente nos abruma con distracciones mundanas. La clave para superar este obstáculo es entender que la vida es mucho más que lo que vemos en el mundo exterior. Si queremos obtener las verdaderas riquezas y tesoros, tenemos que ir a nuestro interior. Seguidamente, tenemos que hacernos amigos de la mente, para que se convierta en una ayuda y no en un obstáculo en nuestra meditación. Tenemos que aprovechar el poder de la mente y sentarnos en silencio con regularidad para que se convierta en un hábito. Con el tiempo, nos acostumbramos a centrarnos en nuestro interior y mejoramos la capacidad de concentración en la meditación. Podemos conseguirlo con una práctica diaria y dedicada.














